Champagnat: cartas, poemas y más...
Carta de Champagnat
domingo, 30 de agosto de 2026
martes, 25 de agosto de 2026
TRÍPTICO POÉTICO
TRÍPTICO POÉTICO
Tomás Martínez Sancho
Tres poemarios, tres estaciones.
Memoria convocante nace de la tierra, de la infancia, de los
pueblos, de los rostros y las historias que el tiempo amenaza con borrar. Es un
libro de raíces: Navarra, Venezuela, la memoria familiar, la vida cotidiana, el
paisaje y la palabra compartida.
Jacob combatiente se adentra en otro territorio: el de la
búsqueda espiritual. Sus poemas dialogan con Dios, con la duda, con la
tradición religiosa y con el sufrimiento de los seres humanos. La fe aparece
aquí como combate, pregunta abierta, resistencia y esperanza.
Tierra doliente reúne y prolonga ambos caminos. La
contemplación de la naturaleza, la memoria de los humildes, la tragedia
histórica, los muertos queridos, la vejez, el duelo y la esperanza convergen en
un mismo cauce. La tierra es paisaje, pero también sepultura, memoria, herencia
y promesa. En ella resuenan los ecos de la represión sufrida en Mendavia, las
heridas colectivas de nuestro tiempo y los vínculos familiares que sobreviven a
la muerte.
Leídos en conjunto, estos tres libros forman un único relato
poético. Son una exploración de la memoria, la justicia, la fraternidad, el
amor, la espiritualidad y el tiempo. En sus páginas aparecen campesinos,
vecinos, padres y madres, víctimas de la historia, creyentes, buscadores, niños
y ancianos. Voces concretas que, desde sus alegrías y dolores, nos recuerdan
que la vida humana es siempre una tarea compartida.
MEMORIA CONVOCANTE
JACOB COMBATIENTE
TIERRA DOLIENTE
miércoles, 29 de julio de 2026
lunes, 23 de marzo de 2026
martes, 28 de octubre de 2025
domingo, 12 de octubre de 2025
domingo, 12 de enero de 2025
CHRIS MANION, POEMAS
Dos poemas del hermano Chris Manion y una Elegía de Rilke copiada por él
En 1994, se publicó al poco de la muerte del hermano Chris Manion, un folleto recogiendo algunos de sus escritos, entre ellos algunos poemas, en inglés, sin traducción. Me permito versionar un par de ellos, con una breve introducción.
Castillo de Bailieborough
En 1915 el Castillo de Bailieborough, en Irlanda, pasó a ser Monasterio de los Hermanos Maristas, donde permanecieron hasta 1936. En el cementerio del lugar yacen siete de estos hermanos. El hermano Chris Manion, que se formó primero y fue formador más tarde en la cercana ciudad de Dublin (entre 1985-1990), recoge la memoria de su visita al lugar.
Húmedo peregrinaje a Bailieborough,
expiación sombría al castillo en ruinas,
sobresalto de John despertando recuerdos,
pensamientos rodeados por fragmentos musgosos
y los muros de una capilla derruida.
Siete Champagnat yaciendo eternamente
en la veta de la piedra arenosa de la fraternidad.
Cruces maristas de metal,
guardando huesos, polvo y serena santidad,
destilando en el bosque Cavan,
todo mística y misterio.
Mi deseo por largos años sucesivos:
yacer en una tierra semejante,
esta del joven Dermot
o el veteranísimo Hermano William.
Su entrega marista y mi gratitud,
como regalo de Dios.
Llamada telefónica
Desde Roma, el año de su muerte (1994), escribe este poema que aplica a la situación de los hermanos en Ruanda, y también, a algunas de nuestras situaciones vitales. Chris había copiado en otro lugar la Novena Elegía de Rilke, con aquello:
Ay,
¿qué se lleva uno más allá? No la mirada, la aquí
lentamente aprendida, ni nada de lo que ocurrió aquí.
Ninguna cosa. Entonces, los dolores. Entonces sobre todo
la pesadumbre, entonces la larga experiencia del amor;
entonces lo puramente indecible.
Y este es el poema
de Chris:
Enrejados
cercados
rodeados.
Los días pasan
en dolor mayor.
Quedan tan solo
la muda tristeza
y el sufriente amor.
Novena Elegía
de Rilke
¿Por qué, si es posible llevar el plazo de la existencia como un laurel,
un poco más verde que todo lo otro verde,
con pequeñas ondulaciones en la orilla de cada hoja (como una sonrisa del viento):
por qué, entonces, tener que ser humanos
y, evitando el destino, anhelar destino?
Oh, no porque haya felicidad,
esa prematura ganancia de una pérdida cercana.
No por curiosidad, ni como ejercicio del corazón,
que también pudiera estar en el laurel.
Sino porque es mucho estar aquí,
y porque al parecer nos necesita todo lo de aquí.
Lo fugaz, de manera extraña nos concierne.
A nosotros, los más fugaces.
Todo una vez, sólo una. Una vez y nada más.
Y nosotros también una vez. Nunca otra.
Pero este haber sido una vez, aunque sea una sola:
haber sido terrenal, no parece revocable.
Y así nos urgimos y queremos llevarlo a cabo,
queremos contenerlo en nuestras simples manos,
en nuestra mirada cada vez más colmada y en el corazón atónito.
Queremos llegar a serlo. ¿Dárselo a quién?
Mejor consérvalo todo para siempre.
Ah, por otro lado, ay, ¿qué se lleva uno más allá?
No la mirada, la aquí lentamente aprendida,
ni nada de lo que ocurrió aquí. Ninguna cosa.
Entonces, los dolores. Entonces, sobre todo la pesadumbre;
Entonces, la larga experiencia del amor; entonces, lo puramente indecible.
Pero luego, bajo las estrellas, ¿qué ha de ser de eso?
Ellas son aún más inefables.
Pues bajando por la falda de la montaña,
el caminante tampoco trae al valle un puñado de tierra, inefable para todos,
sino una palabra ganada, pura: la genciana amarilla y azul.
¿Acaso estamos aquí para decir:
casa, puente, fuente, puerta, jarra, árbol frutal, ventana;
o a lo más: columna, torre?
Más bien para decir: compréndelo.
Oh, para decirlo así,
como íntimamente las cosas mismas nunca creyeron serlo.
¿No es la secreta astucia de esta callada tierra,
la que impulsa a los amantes a que, en su sentimiento,
todas y cada una de las cosas se arroben?
Umbral:
¿qué es para dos amantes,
gastar su propio, viejo umbral de la puerta, un poco, también ellos,
después de los muchos que los precedieron y antes de los venideros?
Poca cosa.

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